HISTORIA

Una finca muy especial

El edificio que hoy ocupa La Posada del Marqués, data del S.XVII, fue construido en su día como hospital de peregrinos y palacio abacial del Monasterio Cisterciense de Santa María de Carrizo (S. XII).

La Posada del Marques es el resultado de un esfuerzo familiar. Habiendo sido nuestra casa de verano durante muchos años, en 1994 se decide abrirla al público para el disfrute de todos.

En la Iglesia del Monasterio de Santa Maria de Carrizo, que continua habitado por 14 monjas cistercienses de clausura, se puede escuchar una salve de canto gregoriano todos los días a las 21h.

Después de la buena experiencia de haber abierto La Posada, decidimos en el año 2000 abrir también nuestra casa de Gijón, que hoy es el Hotel Quinta Duro.

EVENTOS

HABITACIONES

CONTACTO

«El recinto donde se encuentra La Posada del Marqués fue declarado Monumento Nacional en 1974.»

EL MONASTERIO, LA DESAMORTIZACIÓN Y EL MARQUESADO

El monasterio es un típico conjunto de edificaciones monacales de la orden Cisterciense. La fundación data del año 1176, realizada por Doña Estefanía Ramírez, esposa del Conde Ponce de Minerva, vasallo del Rey leones.

En el Monasterio merece la pena destacar el ábside románico de la iglesia, la sala capitular en la que se puede admirar un bellísimo artesonado mudéjar y las paredes del claustro principal, ricamente adornadas con esgrafiados, de estos últimos es necesario decir que son prácticamente los únicos del España con representaciones animales. Mención especial merece el famosísimo Cristo de Carrizo, hoy expuesto en el Museo de San Marcos de León, único en su género y del que por desgracia hoy no se puede disfrutar en Carrizo.

Más adelante, concretamente en 1.697, se amplió una vez más el Monasterio con un edificio adosado de claustro interior y exterior que serviría de palacio abacial y hospital de peregrinos.

Con posterioridad pasó a ser de propiedad particular y hoy es La Posada del Marqués. En la última mitad del Siglo XIX, la comunidad Cisterciense sufrió la última de nuestras desamortizaciones. En ese momento la Madre Abadesa, recurrió entre otros al Ingeniero Salustio González-Regueral que pocos años antes había visitado el Monasterio con motivo de las obras de la carretera que lo atravesó. Lamentablemente nada pudo hacer por evitar su expulsión y el Monasterio quedó abandonado. Sólo tres años después cuando la propiedad del Monasterio salió a pública subasta, lo compró e inmediatamente buscó a las monjas cistercienses que lo habían abandonado, localizando a seis de ellas. Tan sólo cuatro años después de su marcha y merced a un acto de generosidad, D. Salustio cedió en usufructo personal primero y vitalicio más tarde la mayor parte del Monasterio a las madres cistercienses, reservándose para sí la parte del edificio correspondiente al antiguo hospital de peregrinos y los derechos de tribuna, enterramiento y reversión.

Por ello, años después, entrado ya el siglo XX, su Santidad el Papa, concedió el Titulo Pontificio de Marqués de Santa Maria de Carrizo al hijo de D. Salustio, D. Vicente, bisabuelo del actual propietario.

Esa parte privada del Monasterio, sufrió un voraz incendio en 1.947 que lo destruyó en gran parte, reconstruyéndolo inmediatamente los entonces propietarios D. Jesús Velázquez-Duro y Doña María Luz González-Regueral, a la sazón segunda Marquesa de Santa María de Carrizo y padres del actual propietario, pudiéndolo utilizar de nuevo en 1.950 como residencia veraniega, hasta su adaptación hotelera en 1.994.

Hoy tras cinco generaciones familiares tenemos el orgullo de ofrecerle nuestra finca para sus celebraciones y reuniones.

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